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Durante la crisis secular que se inició con el siglo
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Rentabilidad Real de los fondos de Pensiones, Ciclo secular economías desarrolladas y "Súper ciclo" economías emergentes, Variación diaria fondo de pensiones desde inicio del sistema en 1981, Índices bursátiles CENDA , Precios del cobre y oro ,
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La devaluación/revaluación de las monedas mundiales y especialmente el dólar, es un fenómeno principal de la crisis mundial en curso originada en el COVID.
El oro alcanzó en julio 2020 su récord histórico de 2000 dólares por onza, cotización que, leída al revés como recomendaban los clásicos, muestra que la divisa estadounidense llegó a perder casi un tercio de su valor y rozar sus mínimos históricos de 2011 y 1980, en las simas de los dos últimos ciclos seculares (gráfico 9).
Desde entonces, así medido en oro, el dólar se ha recuperado pero sigue bajo su nivel previo al COVID.
Medido en oro el cobre ha tenido una evolución similar, pero amplificada. Cayó asimismo a su mínimo histórico a mediados del 2020 y desde entonces se ha recuperado, mejorando su relación con el oro, aunque todavía está por debajo de su promedio de largo plazo en esa medida (ver "superciclo") .
Expresados en oro, todos los índices cayeron fuertemente el 2020, especialmente el peso y bolsa de Chile, así como la cuota AFP, que perdieron un tercio de su valor en oro, pero todos se recuperon rapidamente, terminando el 2020 con ganancias.
El 2021 los mercados desarrollados continuaron subiendo, pero las monedas y bolsas emergentes se derrumbaron. El 2022 se inició con la fuerte corrección de Wall Street. El cobre y materias primas aún se sostienen pero en curso descendente.
El gráfico adjunto fue presentado el 3 de marzo del 2009 en el comentario “La Mirada Corta”, que miles de personas en todo el mundo esperaban a diario con ansias para conocer la evolución de la crisis mundial, a cargo de John Authers, entonces editor de mercados del diario británico Financial Times, hoy en Bloomberg, que la ha venido cubriendo cotidianamente de modo magistral.
El gráfico mostraba los tres últimos ciclos largos del capitalismo. Hasta entonces se conocían como “Ciclos de Kondratiev” en honor al economista soviético que los descubrió y en 1925 hizo la predicción más espectacular de la historia de la ciencia económica: nada menos que la Gran Depresión de 1929. En esa nota Authers los rebautizó como “ciclos seculares” y su publicación en el principal diario financiero del mundo los dejó establecidos en el corazón de la teoría económica universalmente aceptada.
Como homenaje a Authers, CENDA ha publicado la serie mensual completa desde 1871. Compilada por el Premio Nóbel Robert Shiller, se presenta en el gráfico siguiente, actualizado diariamente en www.multpl.com.
El gráfico 1 muestra evolución de Wall Street desde 1871 hasta el último día disponible, medido por índice S&P 500 deflactado por el índice de precios a consumidor de los EE.UU.. Compilado por Robert Shiller y actualizado diariamente en www.multpl.com. CENDA ha agregado la cuota AFP a partir de su creación en 1981, medida en la misma moneda.
Refleja el desarrollo de la economía estadounidense a lo largo de más de 20 ciclos normales de unos siete años en promedio, inscritos a su vez en una trayectoria secular que evidencia al menos cinco grandes ciclos seculares de más de treinta años cada uno, en promedio, iniciados en 1871, 1901, 1929, 1966 y 1999, respectivamente. El primero se muestra tras su caída inicial y último aún está en pleno curso.
Los ciclos seculares se inician con una sucesión de ciclos normales muy violentos y "a la baja", es decir, cada nueva crisis sobreviene antes de alcanzar el máximo precedente. Alcanzado el fondo, se inicia la recuperación secular, una larga sucesión de ciclos cortos "hacia arriba", que no excluye fuerte turbulencias intermedias. Hasta la siguiente crisis secular.
La serie de S&P 500, compilada por Robert Schiller y actualizada diariamente en www.multpl.com, muestra que ya el año 2014 había superado el máximo de la burbuja denominada "punto com" que a fines del año 1999 culminó el ciclo secular precedente e inició el actual. Sin embargo, como se muestra más abajo (gráfico 2), Wall Street se había venido desacoplando del conjunto de los mercados desarrollados, los que hasta el 2020 no habían lograron superar su valor de inicios del ciclo y del siglo. Es probable que el nuevo derrumbe en curso durante el 2020, que afecta especialmente a Wall Street, corrija esta anomalía.
Por otra parte, durante el ciclo secular en curso, los mercados desarrollados nunca han caído hasta los valores que resultan usuales en las simas o mínimos seculares. Aún en el mínimo de marzo del año 2009, la valorización bursátil de Wall Street estaba lejos de haberse reducido a los valores mínimos de las simas de ciclos seculares anteriores (gráfico 8).
Hay una importante discusión al respecto, y varios especialistas son de opinión que es probable que la caída en curso el año 2020 deprima las bolsas mundiales y Wall Street a valores similares a los de simas seculares anteriores.
Wall Street ha crecido cerca de 2 por ciento anual desde 1871 hasta la fecha.
El PIB estadounidense ha crecido más de 3 por ciento anual desde 1929, cuando hay registro. En el mismo período el índice S&P500 deflactado por precios a consumidor EE.UU. ha crecido menos de 2 por ciento.
Asimismo Wall Street ha crecido menos de 2 por ciento anual al tiempo que el PIB lo hacía en más de 3 por ciento, en dos de los tres ciclos seculares del período, iniciados en 1929, 1966 y 1999.
La serie de S&P 500, compilada por Robert Schiller y actualizada diariamente en www.multpl.com, se inicia en 1871 cuando ya se ha precipitado la primera caída de la sucesión que se extendió hasta el fin del siglo XIX. Se la llamó la Gran Crisis hasta ser opacada por la Gran Depresión iniciada en 1929.
La serie, por lo tanto, se inicia cerca de una sima o punto mínimo, no en un máximo cómo se miden usualmente los inicios de los ciclos seculares (gráfico 8). Por este motivo, el primer ciclo secular que termina en el máximo de 1901, presenta un crecimiento promedio (3,7%) superior al promedio secular cercano al 2 por ciento.
Algo parecido sucede en el penúltimo ciclo secular, iniciado a fines del año 1966 cuando el ciclo precedente alcanza su punto máximo. Este ciclo se extiende hasta fines del año 1999 y del siglo XX, la víspera del estallido de la denominada "burbuja punto com", debido a las extraordinarias valoraciones que alcanzaron en ese momento las empresas relacionadas con la naciente internet. Sin embargo, dicha burbuja afectó especialmente a los mercados estadounidenses, que se desacoplaron del resto de los desarrollados hacia fines del siglo (gráfico 7).
Ello incide en el elevado crecimiento del índice S&P 500 a lo largo del cuarto ciclo secular (3,2%), que se extiende de 1966 a 1999.
Por otra parte, a inicios del 2020, aún después de transcurridos algunos meses del derrumbe bursátil precipitado por la pandemia Coronavirus, el mismo índice aún se encuentra por encima del máximo del ciclo anterior y lejos de alcanzar los valores mínimos propios de todas las simas seculares (gráfico 8). Por este motivo, el promedio de poco más de 2 por ciento anual calculado para el siglo y medio registrado en el gráfico, puede resultar sobreestimado. Habrá que ver cómo sigue el curso de la crisis Coronavirus.
El gráfico 2 muestra la evolución de las bolsas desarrolladas y emergentes comercio mundiales desde el inicio de la crisis secular en curso. Los índices elaborados en base a www.mscibarra.com se denominan en dólares estadounidenses deflactados por el índice de precios a consumidor de ese país (CPI-USA), con base 100 en marzo del año 2000.
Se incluye en el gráfico la bolsa de Wall Street, que si bien está incluida en los índices desarrollados, se ha desacoplado del conjunto de los mismos en el curso de la presente recuperación, y es la más afectada por la corrección en curso.
Asimismo se incluye el índice de mercados desarrollados sin EE.UU (MSCI World ex USA), que todavía no recupera su nivel del 2000.
Se aprecia el asombroso comportamiento sincronizado de emergentes y desarrollados, en fase amplificada en el corto plazo, pero que resulta a contrafase en el ciclo secular: en la primera década los desarrollados bajan y los emergentes suben, y en la segunda década sucede lo contrario (ver más).
Se aprecian los grandes ciclos sucedidos desde el estallido de la denominada burbuja "punto com," a principios del año 2000. Durante el primero de ellos, cuya caída se extiende hasta principios del 2003, las bolsas globales pierden la mitad de su valor expresado en dólares corregidos por inflación.
Dicha caída afecta por igual a los países desarrollados (índice MSCI World, línea roja) y emergentes (MSCI EM, línea naranja). Todas ellas caen igual que el conjunto de las bolsas mundiales (MSCI AWI,línea azul), que reúne tanto a las bolsas de países desarrollados como emergentes.
El movimiento del conjunto de las bolsas mundiales sigue de cerca el comportamiento de las bolsas de los países desarrollados (rojo), cuyo peso resulta determinante a lo largo de todo el período estudiado.
La recuperación del primer ciclo indicado, se extiende desde principios del año 2003 hasta fines del año 2007, pero sin lograr alcanzar la altura anterior la crisis en el caso de las bolsas de países desarrollados. En efecto, cuando este ciclo alcanza su máximo en octubre del año 2007, las bolsas desarrolladas (rojo) se encuentran todavía un cuatro por ciento por debajo del su valor de principios del año 2000, expresadas en dólares corregidos por inflación.
Sin embargo, a partir del año 2003, el comportamiento de las bolsas de los países emergentes resulta amplificado durante la recuperación por lo que el economista Nuriel Roubini ha denominado la "madre de todas las burbujas de activos infladas con crédito." Se refiere al abundante dinero inyectado por los bancos centrales de los países desarrollados para evitar una recesión, parte del cual se ha "desparramado," hacia las monedas, bolsas y materias primas, en países emergentes, desde donde suele retirase bruscamente, como describe el Financial Times, que estima este flujo neto en 1,1 billones de dólares por año. El Wall Street Journal estima coincidentemente que el flujo hacia mercados emergentes acumuló 4,4 billones de dólares entre 2009 y 2012. Debido al enorme crecimiento de dicha burbuja, el conjunto de las bolsas mundiales logra el año 2007 superar apenas su nivel del año 2000.
El segundo ciclo se precipita con la crisis financiera iniciada en julio del año 2007 y que se manifiesta con toda fuerza el año 2008. En su caída las bolsas mundiales pierden nuevamente la mitad de su valor entre octubre del año 2007 y marzo del año 2009.
En ese momento, su nivel cae por debajo del mínimo del año 2003 y hasta un 42 por ciento por debajo del máximo alcanzado a principios del año 2000, expresado en dólares corregidos por inflación. Las bolsas emergentes caen más violentamente, perdiendo un 60 por ciento de su valor, sin embargo, no alcanzan su mínimo anterior.
La recuperación del segundo ciclo se extiende hasta enero del año 2018, con una oscilación intermedia importante el 2011, parecida a la ocurrida el 2006, durante la recuperación anterior. Sin embargo, si se miden en dólares ajustados por inflación, a mediados del 2018 todavía no supera sostenidamente sus niveles máximos del 2007 y el 2000.
En el Gráfico 3 se aprecia que el "burbujazo" de los mercados emergentes alcanza su nivel más elevado a fines del año 2010. Donde mejor se aprecia es en la bolsa chilena que, medida en dólares corregidos por inflación, triplica en ese momento su valor de principios del 2000, elevándose casi doble por encima el conjunto de los emergentes y más de cuatro veces por arriba del conjunto de las bolsas mundiales o de los países desarrollados.
Como se aprecia en el gráfico, la distorsión de la bolsa chilena sólo es comparable a la que afectó a los llamados países BRIC, Brasil, Rusia, India y China, hasta el año 2007, impulsados principalmente por este último.
Desde ese momento, la distancia entre los emergentes y desarrollados se ha venido acortando significativamente, a medida que los primeros pierden valor, mientras los segundos continúan su lenta recuperación.
Desde principios del año 2011 hasta noviembre del año 2016 y expresadas en dólares corregidos por inflación, las bolsas de países emergentes han perdido un tercio de su valor, mientras la bolsa chilena ha perdido más de la mitad del suyo. En el mismo período, las bolsas de países desarrollados han tenido un comportamiento plano, puesto que a fines del año 2016 su valor es apenas un 15 por ciento por encima del que tenían a principios del año 2010, y todavía por debajo, en un nivel 85 en una escala igual a 100 en marzo del año 2000.
A pesar de lo anterior, las bolsas emergentes y especialmente la chilena, continúan todavía por encima del promedio de las bolsas mundiales y de las de países desarrollados, por lo cual cabe esperar que la corrección en marcha, continúe.
Cabe mencionar que los movimientos anteriores afectan simultáneamente a las bolsas de valores y las monedas de los países emergentes, y los índices en dólares corregidos por inflación reflejan la suma de ambos efectos.
Por otra parte, la suma total de los mercados mundiales no se ve mayormente afectada por el burbujazo emergente, puesto que el peso de las bolsas desarrolladas resulta todavía determinante en el conjunto. De este modo, el índice global (MSCI AWI, línea azul) se mueve al únísono de los mercados desarrollados. Como se aprecia en el gráfico, en el punto máximo de la "burbuja" emergente, en septiembre del 2010, el conjunto de las bolsas mundiales se eleva apenas un ocho por ciento por encima del índice de los mercados desarrollados.
El gráfico 3 permite apreciar con claridad el "hiperburbujazo" de la bolsa y el peso chilenos. Chile se despega velozmente del resto de los mercados emergentes a lo largo de los años 2009 y 2010, alcanzando su punto más alto a fines de este último año cuando se eleva 4,6 veces por encima de los países desarrollados. A partir de ese momento, invitablemente, a bolsa y el peso chileno se derrumban en términos absolutos, perdiendo más de la mitad de su valor entre fines del año 2010 y fines del año 2016. En ese mismo período, su distancia con los países desarrollados se reduce desde 4, 6 veces a 1,6 veces.
El Gráfico 4, que incluye los índices bursátiles y el precio del cobre, ambos medidos en dólares deflactados por el índice de precios a consumidor de los EE.UU., permite verificar que el "complejo emergente", como John Authers bautizó el conjunto de bolsas y monedas emergentes y materias primas, se mueve como reflejo amplificado las oscilaciones de las bolsas desarrolladas, en sincronía y en fase, es decir, suben y bajan al mismo tiempo, en el corto plazo. Pero ello resulta en un movimiento a contrafase, es decir uno sube cuando el otro baja, en los respectivos ciclos seculares.
Se aprecia que durante los tres primeros años de la crisis secular, los mercados emergentes (línea naranja) caen hasta un quinto más abajo que los desarrollados (línea roja constante, igual a 1), para igualarlos en el punto mínimo de la caída inicial, a fines del año 2002.
A partir de ese momento, se inicia la masiva especulación en las monedas y bolsas emergentes, las que se elevan por encima de los mercados desarrollados hasta más que duplicarlos en el punto más alto de la primera recuperación. De este modo, en octubre del 2007, los mercados emergentes están 2,3 veces más altos que los desarrollados.
Al precipitarse la segunda caída general, los mercados emergentes caen mucho más que los desarrollados, y aunque se mantienen por encima de éstos, la distancia entre ambos se reduce a 1, 7 veces, en el punto más bajo de la segunda caída general, que se alcanza a fines del 2008.
Nuevamente, la segunda recuperación general eleva a los mercados emergentes mucho más arriba que a los desarrollados y el "burbujazo" de los primeros alcanza su máximo a fines del 2010, cuando superan a los desarrollados en 2,6 veces.
A partir de ese momento, el burbujazo emergente se desinfla de modo espectacular, aunque a fines del año 2016 todavía se encuentran valorizados 1, 4 veces más que los desarrollados, partiendo ambos de una base igual a principios del siglo.
el gráfico 5 muestra que la cuota del fondo AFP ha capeado parcialmente hasta ahora el ciclo secular en curso trasladando sucesivamente el fondo desde Chile y países emergentes hacia países desarrollados y viceversa
Actualmente se aprecia que la cuota AFP cae simultáneamente con todos los mercados, pero lo razonable es que baje más que los demás mercados para regresar a un equilibrio con éstos, en los cuales el fondo está invertido
El gráfico 6 muestra las bolsas y monedas emergentes, a las que se ha agregado la cuota de los fondos AFP y precio del cobre, divididas por los mercados desarrollados, a lo largo de la crisis secular, a partir de marzo del año 2000.
Permite apreciar en toda su magnitud el "burbujazo" especulativo que afectó a lo que John Authers ha bautizado "Complejo Emergente", es decir, el conjunto de precios en esas economías que son afectados contradictoriamente por los flujos de capital especulativo desde las economías desarrolladas.
Sólo la bolsa/peso chilenos parecen haber completado su corrección, mientras el resto de los emergentes, la cuota AFP y el cobre continúan aún muy por encima de las bolsas y monedas desarrolladas.
"Desacople" de Wall Street en década 2010 es asimismo notorio, por lo cual corrección es probable.
El gráfico 7 presenta una perspectiva más larga, que abarca los dos ciclos seculares ocurridos desde 1969. Se aprecian las dos montañas de precios del cobre por encima de su promedio de largo plazo, coincidiendo a contrafase con las crisis seculares de economías desarrolladas, en las décadas de 1970 y 2000. Asimismo, su depresión por debajo del promedio en las décadas de recuperación y auge de éstas en las décadas de 1980 y 1990, y nuevamente el 2020.
Se aprecia que la súper burbuja de mercados emergentes se inicia a fines de los ochenta. Se corrige pero no totalmente en la crisis asiática. Inician el siglo por encima de los desarrollados. Tras su gran subida de los 2000 caen fuertemente en los 2010. Chile, la que más subió, ha perdido tres cuartos de su valor desde entonces.
También se aprecia que el precio del cobre es muy volátil pero no presenta tendencia a la baja en el muy largo plazo, su tendencia coincide con su promedio. Ello implica que la innovación tecnológica compensa la creciente escasez y su valor real, es decir su costo, se mantiene.
Por el contrario, los mercados bursátiles crecen más o menos al ritmo del PIB, alrededor de un 2,5% anual los desarrollados y el doble los emergentes.
Una perspectiva más larga, desde la sima secular a inicios de los años 1980 que coincide con la creación de las AFP, revela el sorprendente comportamiento del “complejo emergente”, es decir, monedas y bolsas de países emergentes, y materias primas, respecto de los mercados desarrollados.
Tal como lo describió John Authers en medio de la crisis subprime, ell comportamiento instantáneo de los emergentes “es un reflejo amplificado” de los mercados desarrollados. Oscilan a cada instante en perfecta sincronía y en fase, es decir, suben y bajan juntos. Sin embargo, la mayor amplitud de las oscilaciones de los primeros resulta sorprendentemente en un comportamiento secular a contrafase. Es decir, cuando las economías desarrolladas caen en crisis secular, las emergentes se elevan al cielo, y viceversa, éstas se derrumban cuando aquellas se recuperan.
En el corto plazo todos estos precios oscilan en perfecta sincronía y en fase, es decir suben y bajan juntos como reflejo amplificado de los mercados desarrollados (Authers). Sin embargo, la evolución del superciclo del cobre y el ciclo secular de las economías desarrolladas es a contrafase, es decir, aquel sube cuando estos bajan y viceversa, lo que coincide con los flujos financieros desde países desarrollados.
Lo que más llama la atención es que el precio del cobre y todas las materias primas se expanden en forma exuberante precisamente durante la década de crisis secular, cuando el comportamiento de las bolsas y las economías de los países desarrollados atraviesa por una fase de debilidad. La explicación más plausible de dicho comportamiento parece ser que precisamente por las turbulencias de la crisis en los países desarrollados, los capitales que no encuentran espacios de inversión productiva en las economías principales se vuelcan a la especulación en los mercados bursátiles de países emergentes y asimismo sobre las materias primas.
Ello se comprueba con las series de rentas mundiales que publica CENDA en base a las elaboradas por el Banco Mundial, que muestran su denominado "superciclo", el que presenta enormes "burbujazos" en las décadas de 1970 y 2000, cuando las economías centrales atravesaban por períodos de turbulencias seculares y por el contrario se desploma en las décadas de 1980 y 1990 y nuevamente en la década en curso cuando aquellas se recuperan y alcanzan más tarde su fase de auge.
La burbuja emergente de los 2000 tiene un episodio preliminar que coincide con la creación de los índices MSCI-EM y Chile a fines de los años 1980 y cae en la crisis asiática.
Desacople de Wall Street del conjunto de los mercados desarrollados, que lo incluye, se inicia a principios de los años 1990, se corrige parcialmente a partir del 2000, pero se agudiza nuevamente desde el 2012.
En el gráfico se aprecia que la crisis secular iniciada del 2000 en realidad corrige parcialmente el desacople de Wall Street que venía desde la década de 1990 (gráfico 6) y que a inicios del 2000 había alcanzado el máximo de "exhuberancia irracional", como la llamó el entonces presidente de la reserva Federal estadounidense. En la década del 2010 Wall Street se vuelve a desacoplar y ahora se está corrigiendo nuevamente .
Leyendo la cotización del oro al revés, como recomendaban los clásicos, se puede apreciar la sorprendente evolución del dólar, que se deprecia y aprecia siguiendo el ciclo secular.
Wall Street y el dólar, expresados en oro, marcan los ciclos seculares con nitidez, limpiando inflación monetaria de activos financieros.
Wall Street y dólar medidos en oro. siguen evolución de ocupación asalariada, medida como proporción de la población estadounidense mayor de 16 años, buen indicador de actividad real.
Ocupación asalariada estadounidense cae violentamente en 2020, que termina por debajo del 2011, tras rozar fugazmente en abril su mínimo de hace medio siglo, en la sima del ciclo anterior.
Wall Street y el dólar medidos en oro cayeron en forma consistente durante la década del 2000, igual que ocupación asalariada, sin evidenciar la burbuja "subprime". Tras recuperarse ambos hasta el 2018, vuelven a caer, limpiando burbuja monetaria "COVID" que ha elevado bolsa expresada en dólares de modo exuberante.
Es probable una fuerte corrección de Wall Street, que aparece sobrevalorada bajo todos los indicadores, o un prolongado estancamiento hasta que el resto de las variables se eleve a un nivel comparable.
Como descubrió economía clásica, oro cumple papel de dinero, es decir, producto del trabajo que por lo mismo posee valor en sí mismo y puede expresar el de todas las demás mercancías en el intercambio. Las distintas monedas, en cambio, no tienen valor en sí mismas. Son nombres nacionales de cantidades determinadas de oro. Su cotización en monedas hay que leerla al revés.
Sin embargo, cotización del oro se ve afectada asimismo por especulación, como todas las cosas escasas, pero con particularidades: durante las crisis evidencia su papel de dinero. En tiempos normales oscila junto con el resto de las materias primas y es afectada asimismo por el superciclo de éstas, pero de modo especial. Oscila asimismo en sincronía con mercados de países desarrollados, en fase en el corto plazo y a contrafase en el largo plazo. El comportamiento sincrónico en fase de mercados desarrollados y lo que John Authers denominó "complejo emergente", es decir, materias primas, bolsas, monedas, y deudas, de países emergentes, significa que los primeros suben y bajan constantemente reflejando las oscilaciones de los últimos, pero de manera amplificada, es decir, aquellos suben y bajan más violentamente que éstos.
Pero durante las crisis el oro sube cuando todo lo demás cae. Asimismo, es menos afectado que el resto por la especulación. Permite así expresar el valor de las demás, especialmente en el curso de las crisis seculares.
Corregida la locura del tipo de cambio fijo impuesta por los "Chicago Boys", el tipo de cambio real ha seguido a grandes rasgos la evolución secular del dólar, pero a contracorriente.
El peso ha tendido a devaluarse a medida que el dólar se aprecia durante las recuperaciones seculares de las economías desarrolladas, y a revaluarse cuando el dólar se deprecia en las fases de crisis secular.
Peso tiende a devaluarse cuando capitales "golondrinas" regresan a economías desarrolladas al recuperarse éstas de sus crisis seculares, como sucedió en las décadas de 1980/90 y nuevamente a partir del 2011.
Al revés, peso tiende a revaluarse cuando capitales golondrina bajan a especular al sur durante las crisis seculares de las economías desarrolladas, como sucedió en la década del 2000.
De ese modo, el peso alcanzó su nivel máximo cuando el dólar y las economías desarrolladas toparon fondo a fines de la primera década de este siglo.
Medidas en oro, en cambio, ambas monedas se encuentran hoy en niveles mínimos.
El precio del oro, como el cobre y todas las cosas escasas, oscila constantemente porque depende exclusivamente de la demanda y ésta es determinada no sólo por el consumo final como en las mercancías no escasas, sino además por la especulación.
Oro y cobre oscilan a cada instante como "reflejo amplificado" (Authers) de los mercados desarrollados, es decir, en forma sincrónica y en fase amplificada, con estos. Como resultado de la mayor amplitud de oscilación de los primeros respecto a los últimos, el "superciclo" de ambos oscila a contrafase del ciclo secular de las economías desarrolladas, el que se puede reflejar en Wall Street.
Las oscilaciones del oro son menores que las del cobre, de modo que el precio de éste medido en oro evidencia asimismo el "superciclo". Sube al doble del promedio durante crisis seculares y cae la mitad en primera mitad de recuperaciones y acompaña la caída del oro en segunda mitad.
Sus precios llegan al fondo a fines del siglo XX, cuando mercados desarrollados alcanzan su cima. Al revés, sus máximos coinciden con las simas de mercados desarrollados, a inicios de las décadas de 1980 y 2010.
Sin embargo, la mayor parte de dichas oscilaciones del precio del oro expresado en dólares son fenómenos monetarios, es decir, sus alzas de precios en realidad corresponden a depreciación del dólar y viceversa. Ello queda en evidencia por el comportamiento generalmente paralelo de los precios del oro y el cobre, expresados en dólares.
En turbulencias económicas agudas el oro evidencia su función de dinero "si bien el oro y la plata no son dinero por obra de la naturaleza, el dinero es por naturaleza oro y plata (Marx, EC, L1, C2)". Sube cuando todo cae, incluso el cobre. Sucedió en crisis "subprime" del 2008 y la iniciada en agosto 2018, que se ha profundizó en "COVID" del 2020 y se ha disparado en las turbulencias geopoliticas iniciadas en el año 2025.
expresados en dólares del último mes
El precio del oro alcanzó su máximo histórico de seis mil dólares la onza el 28 de enero del año 2026. Se trata de un fenómeno puramente monetario: la depreciación del dólar estadounidense, moneda que ha caído a su mínimo histórico. En ese momento mil dólares podían comprar apenas un sexto de onza del metal precioso, tras perder un cuarto del mismo en el mes, la mitad en12 meses y dos tercios del mismo en los últimos tres años.
El súper ciclo secular del precio del oro, que afecta al al "complejo emergente (Authers)" en general, es decir, al conjunto de las materias primas, bolsas y monedas emergentes, está determinado por el ciclo secular de las economías desarrolladas. Lo eleva la demanda por especulación de parte de capitales que no encuentran demanda productiva durante las crisis seculares de estas y luego lo deprimen cuando regresan a financiar su recuperación y auge.
Sin embargo, particularmente en el caso del oro y la plata que para estos efectos es lo mismo (Marx), que mantienen su irremplazable rol de dinero en su función de medida general de valores -la cual sólo puede ser ejercida por una mercancía, es decir un producto del trabajo humano que sirve de equivalente general que expresa el valor de todo el resto– sus violentas oscilaciones como las actuales constituyen principalmente un fenómeno puramente monetario: son oscilaciones de la moneda dólar.
Las violentas fluctuaciones de la cotización del oro en dólares —cómo las experimentadas desde la pandemia, agudizadas por las tensiones geopolíticas derivadas del repliegue estratégico de los EE.UU. en el gobierno de Trump— son principalmente un fenómeno monetario, determinado por la relación entre la emisión de la moneda estadounidense y la demanda de la misma, tanto interna como internacional.
n han ocurrido antes, siguiendo el ciclo secular de las economías desarrolladas. Usualmente, el dólar se deprecia cuando las economías desarrolladas caen en crisis seculares, alcanza su valor mínimo cuando topan fondo y luego se recupera hasta alcanzar un máximo en el punto más alto del ciclo, justo antes de iniciar una nueva crisis secular; por cierto siempre oscilando en ciclos cortos que se suceden, hacia abajo o hacia arriba, cada siete años en promedio.
Durante la crisis secular que se desató junto con el presente siglo, la mayor caída del dólar no coincidió con el fondo de la misma, alcanzado a fines de la primera década, sino sobrevino principalmente tras la crisis COVID y se ha agudizado violentamente en el primer año de gobierno de Trump. Resulta una coincidencia interesante que la caída total del dólar, desde su máximo al inicio del ciclo secular respectivo hasta su valor mínimo hasta el momento, ha sido parecida a la experimentada que en el ciclo anterior: en ambos ciclos el dólar ha llegado a perder casi un 90 por ciento de su poder comprador en oro a inicios del respectivo ciclo.
El último de los cinco ciclos seculares que las economías desarrolladas experimentaron durante el siglo XX, se inició en el año 1966, tocó fondo a inicios del año 1980 y luego se elevó hasta alcanzar un máximo junto con el fin del siglo. El dólar medido en oro siguió el mismo curso, perdiendo un 86 por ciento de su poder adquisitivo del metal precioso entre enero de 1966 y marzo de 1980, cuando el ciclo alcanzó su punto más bajo. En las dos décadas siguientes el dólar recuperó su poder adquisitivo para terminar del siglo con un poder adquisitivo superior al que tenía a inicios del mismo.
En enero de 1966 el dólar mantenía la convertibilidad en oro a 35 dólares la onza acordada dos décadas antes en Bretton Woods, valor que corregido por el índice de precios a consumidor (CPI) estadounidense de ese año equivale a 360 dólares de fines de enero de 2026. Es decir, mil dólares podían cambiarse en ese momento por cerca de tres onzas de oro. A inicios de 1980, en el fondo del ciclo secular, y tras el término de la convertibilidad decretada por Nixon en 1971, el precio del oro se elevó al equivalente de 2.800 dólares de hoy, es decir, mil dólares podían comprar poco menos de un tercio de onza de oro; una caída cercana al 90 por ciento. En las siguientes dos décadas y a medida que la economía se recuperaba y luego entraba terminaba el siglo en “exuberancia irracional”, el precio del oro se derrumbaba, hasta terminar el siglo en un valor cercano a 550 dólares de hoy; es decir, el poder comprador de la moneda estadounidense se había recuperado y mil dólares podían comprar cerca de dos onzas de oro.
Nuevamente, a medida que la economía de los países desarrollados se derrumbaba sucesivamente en las crisis “punto com” y luego “subprime”, hasta topar fondo a fines de la primera década del presente siglo, el dólar perdía buena parte de su poder adquisitivo de oro a medida que el precio del metal se elevaba y rozaba los 2.800 dólares la onza, alcanzados en 1980, al fondo del ciclo secular anterior; nuevamente, al fondo de la crisis, mil dólares no alcanzaban a comprar un tercio de onza de oro.
La economías desarrolladas y el poder adquisitivo del dólar se recuperaron a lo largo de la segunda década del siglo, de modo que en marzo del año 2020, en la víspera de la crisis COVID, el oro estaba a 2.000 dólares la onza, es decir, mil dólares podían comprar media onza del metal.
A partir de ese momento y especialmente durante el segundo gobierno de Trump, el dólar se ha derrumbado nuevamente. el precio del oro se ha triplicado en el curso de la presente década, hasta rozar los seis mil dólares la onza el 28 de enero; inversamente, el dólar se ha derrumbado, hasta su mínimo histórico de un sexto de onza de oro, y ha terminado el mes en un quinto de onza tras el rebote de los últimos días.
¿Que se puede esperar a futuro?
Es un hecho bien establecido que la economía global, que es el resultado de la interacción de miles de millones de personas agrupados en cientos de millones de empresas que intercambian los bienes y servicios que producen en el mercado mundial, sigue a lo largo de décadas un curso cíclico pesado; forma de movimiento parecido al del grandes masas de partículas en la naturaleza que se influencian mutuamente hasta coincidir en determinadas direcciones y sentidos.
Ello queda en evidencia al observar el movimiento de los mercados financieros mundiales, especialmente si se los mide en oro para limpiar las constantes distorsiones monetarias, como las que afectan hoy dramáticamente al dólar. Se puede apreciar, describen grandes ciclos que coinciden con el comportamiento del empleo en las mayores economías (ver gráficos adjuntos).
El presente ciclo, iniciado junto al siglo XXI, se encuentra a medio camino de recuperación de la gran crisis secular que experimentó durante la primera década. El presente ciclo ciertamente presenta particularidades como el COVID y el reacomodo geopolítico en curso, las que afectan directamente al dólar y explican su inusual caída en medio de una recuperación de la economía global. En efecto, la abundante emisión monetaria, necesaria para aminorar los efectos de la crisis COVID, se superpuso al exceso de emisión remanente de las crisis precedentes, a lo que se ha sumado la disminución del componente de su demanda para transacciones internacionales y uso medio de atesoramiento y reservas, a consecuencia de la situación geopolítica.
El precio promedio del cobre expresado en oro en el largo plazo se estima a partir de 1974, una vez que éste se estabiliza tras el fin en 1971 del cambio fijo de 35 dólares por onza establecido en 1941 en Bretton Woods.
Medido en oro, precio del cobre alcanzó máximo el 2006 anticipando crisis subprime. Desde entonces no ha dejado de caer. A fines de esa década se sumergió bajo su promedio de largo plazo de 173 gms. de oro por tonelada de cobre. En abril del 2020 cayó a su mínimos históricos de los años 1980, habiendo perdido 3/4 de su valor máximo.
Sus precios medidos en oro evidencian, entre otros, los siguientes fenómenos:
El precio del cobre expresado en oro es relativamente estable. Su tendencia de largo plazo coincide con su promedio, en torno al cual oscila, subiendo hasta el doble y cayendo a la mitad, del mismo.
El "súperciclo" del precio del cobre medido en oro confirma su movimiento a contrafase del ciclo secular de las economías desarrolladas. Se eleva por encima de su promedio sólo en la década inicial de ambos ciclos, mientras el dólar y Wall Street se precipitan a sus crisis seculares. Luego se derrumba a la mitad de su promedio durante la primera década de recuperación económica secular y finalmente oscila en torno al promedio hasta el fin del ciclo, mientras el dólar y Wall Street suben oscilando hasta su cima.
En 2020, el cobre medido en oro cayó a un nivel similar a 1980, en la sima del ciclo secular anterior, aproximadamente en la mitad de su promedio de largo plazo. Luego se recuperó de modo espectacular, empujado por la especulación. J.P. Morgan y otros analistas proclamaron un nuevo superciclo del metal rojo.
El alza del precio del cobre en el 2020 se explica principalmente porque en marzo había caído a su mínimo histórico y luego se recuperó en la misma medida que se depreciaba el dólar. Medido en oro, el cobre terminó el 2020 exactamente en el mismo nivel en que lo empezó.
En los primeros meses del 2021, sin embargo, el cobre se ha apreciado significativamente respecto del oro, aunque sigue muy por debajo de su promedio y no ha revertido la tendencia a la baja iniciada el 2006.
Las economías desarrolladas toparon fondo el 2020 y todo indica que están iniciando una fuerte recuperación secular. En el ciclo anterior ello apreció el dólar, derrumbando los precios del oro y el cobre hasta el fin del ciclo.
Sin embargo, el cobre cayó menos que el oro, recuperando su nivel promedio con el metal precioso en el curso de la caída de ambos.
Medidas en dólares corregidos por inflación, las bolsas desarrolladas se elevaron cinco veces desde inicios de los años 1980 hasta alcanzar la cima de ese ciclo a fines del siglo XX. Luego se derrumban en dos largos tumbos durante la primera década del XXI. Se recuperan en la segunda década y a inicios del 2018 recuperan su valor de inicios del siglo. Desde entonces, sin embargo, han oscilado en torno a ese nivel, sin lograr recuperar todavía un curso claramente ascendente.
La excepción ha sido Wall Street, que desde el 2013 se desacopló del conjunto de los mercados desarrollados, que lo incluyen, para elevarse actualmente cerca de un 40 por ciento por encima de éstos. Desde 1981 hasta el 2020, Wall Street muestra el mismo rendimiento que los mercados emergentes.
Los mercados emergentes, en cambio, experimentaron no una, sino dos gigantescas burbujas, desde la creación del índice bursátil respectivo y del concepto mismo, en 1987.
Entre 1987 y 1997 y medidos en dólares constantes, los mercados emergentes se elevaron al cielo al tiempo que los desarrollados experimentaban un fuerte bache en su recuperación secular iniciada en 1980. A la inversa, en 1997 los emergentes se precipitaron en la “crisis asiática” y terminaron el siglo un tercio más abajo de entonces, precisamente cuando los mercados desarrollados entraron a su fase de “exuberancia irracional” y duplicaron su valor hasta fines del siglo XX.
Nuevamente, durante la primera década del siglo XXI los emergentes se elevaron a las nubes mientras los desarrollados caían. Pero durante la segunda década los emergentes se estancaron mientras los desarrollados se recuperaban fuertemente.
El auge y caída de la bolsa y el peso chilenos en ambas burbujas emergentes fue todavía mayor que el conjunto de los emergentes. Sin embargo, tras su espectacular derrumbe durante la segunda década del siglo, iniciado el 2011 y agudizado desde el 2018, en que ha perdido un 70 por ciento de su valor en dólares constantes y regresado a su valor de 1993, se ha reunido nuevamente a fines del 2020 con el conjunto de los mercados emergentes.
La evolución de la cuota AFP expresada en dólares constantes resulta ilustrativa de lo descrito, y desde su creación en 1981 ha rentado lo mismo que la bolsa chilena y el conjunto de los emergentes al igual que Wall Street.
desde sima secular que coincide con creación del sistema AFP en 1981
El denominado “superciclo” del cobre y el resto de las materias primas y también el oro, reflejan con mucho mayor nitidez el comportamiento descrito respecto de los mercados desarrollados, es decir, oscilan cotidianamente como reflejo amplificado de éstos a resultas de lo cual resulta un comportamiento secular a contrafase.
El cobre y el oro caen sistemáticamente durante la recuperación secular de los mercados desarrollados, a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, terminando el siglo XX en sus valores mínimos mientras los últimos tocan el cielo. Luego sus precios se elevan hasta alcanzar un máximo a fines de la primera década del siglo XXI, mientras los mercados desarrollados se derrumban. Finalmente, mientras éstos se recuperan hasta el 2018, el cobre y el oro vuelven a caer desde la segunda década.
Mercados desarrollados aparecen como línea horizontal porque son la base de comparación en este gráfico. En realidad su valor oscila hacia arriba y emergentes crecen más, según respectivos PIB, mientras oro y cobre mantienen su valor porque creciente escasez de yacimientos de alta calidad compensa aumento de productividad del trabajo para encontrarlos y extraerlos.
Ello se aprecia en gráfico siguiente en que mercados se expresan en base oro.
La evolución cíclica secular del dólar y cobre, mercados desarrollados y emergentes, y cuota AFP, se aprecia mejor expresada en oro. El metal conserva en buena medida su función de dinero puesto que, a diferencia de monedas, posee valor en sí mismo. Su costo de producción ha sido singularmente estable, al compensar los avances tecnológicos su creciente escasez.
La estabilidad relativa del oro corrige la apreciación y devaluación secular del dólar, la que se puede observar leyendo la cotización del metal en esa moneda al revés, como sugería la economía clásica. El dólar se apreció al triple relativo al oro, desde la sima, el punto más bajo, secular de 1981 a la cima, el punto más alto, del 2000, para caer a la quinta parte el 2011 y nuevamente el 2020.
Medidas en oro, las bolsas desarrolladas se elevaron 15 veces desde la sima de 1981 a la cima del 2000, Wall Street 17 veces, las emergentes 21 veces y la chilena 31 veces. En la presuntiva sima secular del 2011, dicha alza se había reducido a 1,86 veces en los mercados desarrollados, equivalente a 2,1 por ciento anual promedio, parecido al PIB. La excepción es Wall Street, que desde 2013 se comporta como mercado emergente.
Entre la sima de 1981 y la sima del ciclo siguiente en 2011, Wall Street creció a una tasa anual promedio de 4,41% medida en dólares, pero si se mide en oro, dicha tasa se reduce a 3% anual, parecido al PIB.
Desde su creación en 1981 hasta el 2022 La cuota AFP ha rentado del orden de 7% anual promedio si se mide en UF, lo que baja a 5% si se mide en dólares ajustados por inflación, y baja al orden de 4% anual si se mide en oro. En el mismo período Wall Street ha crecido 6% en dólares y 5% en oro.
Los mercados emergentes han corregido buena parte de la burbuja que los afectó en las últimas tres décadas, regresando a su nivel de 1990. Sin embargo todavía están por encima de los desarrollados. Desde la creación de estos índices hasta el 2021 han crecido a una tasa promedio de 3,6 por ciento anual, parecido al PIB emergente.
El cobre medido en oro, sigue por debajo de su promedio de largo plazo a pesar de su repunte el 2021. Es un precio relativamente estable que oscila en sincronía pero a contrafase del ciclo secular desarrollado. Se eleva al doble del promedio cuando cada ciclo se derrumba de cima a sima, cae a la mitad del mismo en las décadas de recuperación y termina el ciclo en su promedio.
Las mediciones de largo plazo en dólares se distorsionan por la fuerte variación de la moneda estadounidense, la que se aprecia y deprecia siguiendo las oscilaciones del ciclo secular de las economías desarrolladas.
En 108 meses iniciales, que culminan en diciembre 1974 en el primer ciclo y en marzo 2009 en el actual, Wall Street había perdido cerca del 85 ciento de su valor, y el dólar dos tercios del suyo, relativos al oro.
Siguió una recuperación significativa. Medidos en oro, en el primer ciclo, Wall Street se había recuperado en 1977 hasta un 1/3 de su valor inicial, y el dólar hasta la mitad del suyo. En el ciclo actual, tras continuar cayendo hasta el 2011, Wall Street se había recuperado el año 2018 hasta la mitad de su valor inicial, y el dólar hasta un tercio del suyo.
El primer ciclo cayó a su sima una década y media después de iniciado. Wall Street tocó fondo en enero 1980, tras perder 94 por ciento de su valor de 1966, y el dólar un 87 por ciento del suyo, relativos al oro. Sólo entonces se inicia la larga recuperación secular que, con baches importantes en 1987 y 1993, se extiende hasta fin de siglo.
Medida en oro, Wall Street estuvo tres décadas a pérdida, desde 1966 hasta mediados de 1997. En los siguientes dos años y medio de "exuberancia irracional" duplicó su valor inicial. Sin embargo, con ello sólo logró una rentabilidad de 1,97 por ciento anual promedio desde la cima de 1966 hasta la cima del 2000, similar al crecimiento del PIB estadounidense en el mismo período.
El dólar, en cambio, si bien se revaluó sostenidamente desde 1980, acabó el ciclo el 2000 depreciado en un 30 por ciento de su valor relativo al oro en 1966, En el curso de este ciclo tuvo que renunciar en 1971 a la paridad de 1/35 de onza de oro por dólar, establecida en 1944 en Bretton Woods.
La gran pregunta que no se puede responder hasta el momento, es cómo continuará evolucionando el ciclo actual. A fines del 2020 y medidos en oro, Wall Street estaba en 39 por ciento de su valor al inicio del siglo, y el dólar en 24 por ciento del suyo.
A dos décadas de iniciados y medidos en oro, Wall Street está por encima de su trayectoria en el ciclo anterior, y el dólar por debajo de la suya. ¿Continuarán su recaída iniciada el 2018? ¿Seguirán por un tiempo una trayectoria horizontal? ¿Recuperarán una trayectoria de recuperación secular? Vamos a ver.
Comportamiento histórico evidencia los siguientes fenómenos:
Durante el ciclo secular iniciado en enero 1966, el cobre cae junto a Wall Street, pero durante la primera década y media logra mantenerse por encima de su promedio de largo plazo y sólo en 1980 se derrumba a su nivel mínimo, que equivale a la mitad de dicho promedio, relativo al oro.
El cobre se mantiene en su nivel mínimo, oscilando en torno a la mitad de su promedio de largo plazo, durante toda la primera década de recuperación secular de Wall Street, entre 1980 y 1990.
Durante la década de 1990, mientras Wall Street recuperaba en 1997 su nivel de 1966, y lo duplicaba en tres años de "exuberancia irracional", el cobre permanecía oscilando en torno a su promedio de largo plazo, relativo al oro, terminando el siglo exactamente en ese nivel.
En el ciclo iniciado el 2000, el cobre baja inicialmente en forma moderada mientras Wall Street se derrumba la mitad. A partir del 2003 se eleva hasta su máximo, de dos veces su promedio de largo plazo, y permanece por encima del mismo durante la mayor parte de la década. Wall Street, en cambio se sigue derrumbando hasta topar fondo presuntivamente el 2011, ambos medidos en oro.
Durante la segunda década del siglo y del ciclo secular, Wall Street se recupera hasta el 2018 y luego sufre un retroceso agudizado por la pandemia. El cobre, en cambio, sigue cayendo hasta su mínimo histórico, cercano a la mitad del promedio de largo plazo, expresado en oro.
El gráfico 10 muestra el índice CAPE desarrollado por el premio Nobel Robert Shiller (ver gráfico actualizado al día y cálculo para varios segmentos) muestra la relación del precio de las acciones en cada momento, comparada con un promedio móvil de las utilidades empresariales durante la década precedente. Es un buen indicador de la valoración accionaria, puesto que indica cuantos años de utilidades promedio permite pagar el valor de las acciones.
El promedio de largo plazo de dicho índice es 17,0, es decir, el valor "normal" de las acciones representa poco más de 17 años de utilidades promedio de las respectivas empresas.
Las cimas de CAPE determinan los inicios de cada ciclo secular, junto a las simas respectivas, sirven para medir y comparar con precisión los rendimientos bursátiles de largo plazo.
El mínimo histórico CAPE fue de 4,8 en 1920 y su máxímo 44,2 en diciembre de 1999, al fin del siglo XX.
La valorización bursátil guarda necesariamente una relación con las economías subyacentes, por lo cual la comparación de la valorización total de las mismas (market cap), por una parte con las utilidades generadas por las empresas respectivas y por otra con su respectivo producto interno bruto (PIB), son quizás las mejores maneras de comprobar si las bolsas están experimentando una burbuja. Ello se verifica cuando la valorización bursátil excede significativamente a las utilidades de las empresas o al PIB. Ambas comparaciones, actualizadas, se pueden apreciar, por ejemplo, en el sitio www.gurufocus.com.
El índice Shiller--CAPE índice ha mostrado ser asimismo un indicador muy preciso del comportamiento de los ciclos seculares, alcanzando sus valores más elevados justo antes del inicio de éstos y sus mínimos cuando tocan fondo.
Se puede apreciar que en el curso de la presente crisis secular, el índice Case-Shiller ha estado muy lejos de los mínimos alcanzados en los ciclos seculares iniciados en 1929 y 1969. En esas ocasiones topó fondo en valores del orden de seis, es decir, cuando los precios de las acciones equivalían a seis años de utilidades promedio. En el ciclo secular actual, en cambio, el índice Case-Shiller alcanzó su punto más bajo en marzo del 2009, con un valor de 13,3. A octubre del 2015, su valor es 28,1, significativamente por encima de su promedio de largo plazo. De hecho, el múltiplo actual es el tercero más elevado de la historia, siendo sólo superado por los de 1929 (32,6) y 1999 (44,2) y similar a los que se alcanzaron a principios de esos años.
La capitalización bursátil actual de la economía de los EE.UU. equivale al 126 por ciento del PIB respectivo, muy cerca de su valor máximo previo al estallido de la burbuja "punto.com" el año 2000, cuando llegó a 149 por ciento del mismo.
La situación anterior hace suponer que el ciclo secular en curso puede no haber topado fondo todavía, en l que se refiere a la valorización de los principales mercados financieros.