Producto Interno Bruto (PIB) Mundial

 El Producto Interno Bruto, conocido por su sigla PIB o Gross Domestic Product o GDP, en inglés, es la variable económica fundamental. Mide el valor agregado cada año en el conjunto de la economía mundial. Como bien sabe cualquiera que paga IVA a fin de mes, el valor agregado es la suma de las ventas menos la suma de las compras a terceros. Es decir, es el valor nuevo creado por el trabajo humano destinado a producir bienes y servicios, pero solo aquellos que logran venderse en el mercado.
El PIB no contabiliza el sacrificado trabajo de miles de millones de hombres y especialmente mujeres, que producen bienes y servicios que no se venden. Por ejemplo, buena parte del esfuerzo del campesinado, que todavía constituye la mitad de la humanidad y de las mujeres que se dedican al trabajo doméstico. Dicho trabajo es tanto o más útil que el que se destina a producir mercancías, sin embargo, no adquiere la forma de valor, puesto que el producto del mismo no se intercambia por dinero.
Existen transferencias de valor entre los países, una de las cuales son las rentas. Éstas son el exceso de precio de algunos bienes por encima de su costo, el que por su parte refleja el valor agregado en la producción de los mismos. Importantes masas de rentas se transfieren, por ejemplo, desde los países consumidores de materias primas hacia los países productores de las mismas. Es decir, parte del valor agregado en los primeros aparece reflejado en el PIB de los segundos.Un quinto del PIB chileno, por ejemplo, está constituido por renta minera. Sin embargo, a nivel global dichas transferencias se anulan y el PIB mundial refleja en forma más o menos precisa el valor nuevo agregado cada año.
La serie del PIB del Banco Mundial, en dólares ajustados por el índice de precios a consumidor de los EE.UU, muestra el impresionante crecimiento de la producción mundial de valor en el último medio siglo. El PIB global se multiplicado 6,6 veces entre 1961 y 2011 (ver gráfico 1).
El motor principal del crecimiento no han sido los países desarrollados, sino la urbanización y el consecuente despegue económico, de Japón y llamados "tigres" asiáticos en los años 1960, 1970 y 1980, y China junto a otros países emergentes, en los años 1990 y 2000. 
En el "resto del mundo," donde habita la abrumadora mayoría de la humanidad, una buena parte vive todavía en el campo, pero están migrando a razón de 250.000 personas por día a las ciudades donde, al cabo de un tiempo, las mujeres dejan asimismo el hogar para incorporarse a la fuerza de trabajo. Ellos constituyen la gran reserva de crecimiento del PIB a lo largo del siglo 21.
 
A consecuencia de lo anterior, el peso de los EE.UU. y Europa se ha reducido de dos tercios del PIB mundial en los años 1960, a menos de la mitad en los 2000 (ver gráfico 2). 
Es interesante observar que Japón crece desde un 4 por ciento del PIB mundial en 1961, hasta un máximo de 18 por ciento a principios de los años 1990, para luego caer nuevamente a un 8 por ciento del PIB mundial al 2011. 
No sería de extrañar que China siga un curso parecido. Ha subido desde un 4 por ciento del PIB mundial en 1961 hasta 10 por ciento en la actualidad y posiblemente continuará aumentando su participación hasta que complete su urbanización. Sin embargo, lo más probable es que, al igual que Japón, luego su participación en el PIB mundial se estanque y decrezca, a medida que se urbanizan y desarrollan otros países. 
El resto del mundo, aparte de los ya mencionados EEUU, Europa, Japón y China, ha subido su participación en el PIB mundial desde un cuarto del total en 1960 a poco más de un tercio el 2011. 
Cabe señalar que la mitad de dicho incremento se explica por la incorporación de los países que conformaban la ex URSS y el campo socialista Europeo, los que se empiezan a contabilizar en las cifras del Banco mundial recién a partir de fines de los años 1980, puesto que antes aparecen en cero. Polonia, por ejemplo, se contabiliza a partir de 1987 y la Federación Rusa a partir de 1989. Al 2011, los países que antes conformaron la URSS y el campo socialista europeo, representaron el 6 por ciento del PIB mundial, equivalente a más de media China.
El "resto del mundo" incluye también a América Latina, que ha aumentado su participación en el PIB mundial, desde 6 por ciento del total en 1960, a 8 por ciento el 2011. La economía chilena representa el 2011 un 0,36 por ciento, es decir, un tercio de un uno por ciento, de la economía mundial, lo mismo que a principios de los años 1960. Sin embargo, depende fuertemente del ciclo secular de las renta del cobre, de modo que dicha participación cayó hasta un 0,12 por ciento del PIB mundial a mediados de los años 1970 y luego durante los años 1980.

 
El crecimiento del PIB sigue un curso cíclico, con fuertes fluctuaciones en su tasa, la que sube y baja en ciclos que cambian de sentido cada cuatro o cinco años. A su vez, estos ciclos se inscriben en una trayectoria cíclica secular, que sigue un curso ascendente o descendente a lo largo de períodos más prolongados (ver gráfico 3).
Por ejemplo, la economía de los EE.UU. muestra un crecimiento promedio anual real de 2,68 por ciento a lo largo del último medio siglo, que ha multiplicado su tamaño dos veces y media desde 1970 hasta 2011 y 3,7 veces desde 1961.
Sin embargo, dicha tasa varía fuertemente año tras año, en una trayectoria que oscila hacia abajo a partir de mediados de los años 1960 y durante la década de 1970, hasta tocar fondo a principios de los años 1980. Luego, las oscilaciones reanudan un curso ascendente que se prolonga durante las dos últimas décadas del siglo. A partir del 2000, se inicia un nuevo período de "crisis secular" en que las oscilaciones se suceden unas a otras a la baja y que se prolonga durante la década siguiente.
Este movimiento de la economía es reflejado de manera muy precisa por la bolsa de valores, cuyo Índice Dow Jones ajustado por inflación, inicia una caída oscilante a partir de mediados de los años 1960, que se agudiza en la década de 1970 y topa fondo a principios de los años 1980. Luego la bolsa reanuda un curso ascendente, a lo largo de las últimas dos décadas del siglo, que la lleva hasta su máximo histórico a fines de 1999. Luego cae oscilando a lo largo de la nueva "crisis secular" de los años 2000. Cabe observar que tanto el PIB como la bolsa de valores estadounidenses se encuentran a fines de la década del 2000 por debajo de sus valores reales al inicio de la misma.


El PIB mundial sigue un curso más dinámico, con una tasa promedio de 4 por ciento anual real, que lo ha multiplicado por cuatro desde 1970 hasta el 2011 y 6,6 veces desde 1961 (ver gráfico 4).
 

La economía del mundo en su conjunto muestra asimismo una tasa de crecimiento que oscila siguiendo un curso descendente a lo largo de la década de 1970, y se hace negativa en 1980, de modo que el PIB global se contrae hasta 1985. Luego reanuda su acelerado crecimiento, hasta mediados de la década de 1990, para caer en una nueva contracción que topa fondo el 2001. A partir de ese momento reinicia un curso ascendente, apenas interrumpido por la crisis mundial, el 2009. Sin embargo, se aprecia que las tasas de crecimiento de la economía mundial siguen un curso oscilatorio descendente desde el 2003, por lo cual lo más probable es esperar una nueva contracción secular durante algunos años, antes de reiniciar su curso cíclico ascendente. El 2012 y 2013, por ejemplo el crecimiento mundial se ha frenado nuevamente.

 
 
 
 
 
 
 

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