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Precios del cobre


Gráficos 1 y 2





En el gráfico 1, la serie compilada por COCHILCO muestra ocho décadas de precios promedios anuales de la libra de cobre, medidos en centavos de dólar estadounidense corregidos a dólares del año 2012 por el Índice de Precios al por Mayor (IPM) de ese país. Permite apreciar las dos grandes "montañas" o bonanzas así como anchos "valles" o depresiones, del denominado "superciclo" de precios del metal. Las primeras se extienden desde mediados de la década de 1960 y hasta 1980, la primera, y a lo largo de la década del 2000 la más reciente. Durante las bonanzas el precio superó los cuatro dólares por libra, nivel que duplica su promedio de largo plazo, de 2,13 dólares del año 2012 por libra. En cambio, a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, así como en las tres décadas anteriores a 1965, el precio se mantiene casi siempre por debajo del promedio de 2,13 dólares por libra, bajando en ocasiones hasta cerca de un dólar por libraExpresado en gramos de oro, el precio promedio del cobre alcanza a 178 gramos de oro por tonelada, valor que sube hasta más de 300 gramos de oro por tonelada en los períodos de precios elevados y se reduce hasta un mínimo 100 gramos de oro por tonelada de cobre en los períodos de precios bajos.


La primera bonanza se extendió entre los años 1964 y 1980, período durante el cual el precio se mantuvo casi todos los años por encima del promedio de largo plazo. Es decir, los años de "vacas gordas" fueron quince. En el siguiente cuarto de siglo, en cambio, el precio del cobre se mantuvo la mayor parte del tiempo por debajo del promedio, alcanzando entre los años 1998 y 2003 su mínimo histórico, rozando un dólar por libra. Se puede observar que tras la bonanza del anterior "superciclo" de precios, una vez que éstos cayeron sostenidamente por debajo de su promedio de largo plazo en el año 1980, no volvieron a superarlo sostenidamente hasta el año 2005. Es decir, los años de "vacas flacas" fueron veinte y cinco. 


Se aprecia que el mínimo alcanzado en los años 1998-2003, es significativamente inferior a las simas anteriores de precios, alcanzadas en los años 1939-1945 y 1984-1986. Mientras éstas nunca cayeron por debajo de 1,2 dólares del año 2012 por libra, aquel bordeó un dólar por libra. Este fenómeno puede quizás explicarse en buena medida por la sobreproducción mundial generada desde Chile a partir del año 1995 y hasta el año 2003, que fuera calificada como "crecimiento empobrecedor" por el economista Orlando Caputo, quien advirtió de su inminencia con años de antelación, sin que nadie le hiciera caso.


La serie permite apreciar que al año 2016 el precio del cobre, que entre enero y octubre promedia 2,34 dólares del año 2012 por libra, se encuentra todavía por encima de su promedio de largo plazo y a muchísima distancia de sus mínimos históricos. Si se toma como referencia el anterior período de "vacas gordas", transcurrió una década y media desde el momento en que el precio del metal se elevó sostenidamente por encima de su promedio de largo plazo, hasta que atravesó dicha barrera sostenidamente hacia abajo en el año 1981. 

Durante el "superciclo actual", al año 2016 habrán transcurrido once años desde el año 2005 cuando que el precio del cobre superó nuevamente en forma sostenida su promedio de largo plazo de poco más de dos dólares por libra. De ello podría inferirse que resulta probable que el precio del cobre continúe por varios años más su oscilación hacia abajo. Sería de esperar que se mantenga todavía por encima de su promedio de largo plazo, de 2,13 dólares del año 2012 por libra durante un par de años, para luego seguir cayendo hasta alcanzar un nuevo mínimo cercano a un dólar en el curso del siguiente quinquenio.


Se trata por cierto de fenómenos muy complejos y muchas cosas pueden pasar. Es seguro, por otra parte, que como sucede con todos los hechos históricos, los ciclos de la economía nunca se repiten del mismo modo ni menos exactamente en las mismas secuencias temporales. Sin embargo, si algo enseña la experiencia histórica, es que no hay peor error en estas materias que partir de la base que "esta vez será distinto" a como ha sucedido en ocasiones anteriores. Si ocurrió una vez puede suceder de nuevo, como ha advertido trágicamente Primo Levi.


Los períodos de altos precios del cobre coinciden casi exactamente con las dos últimas "crisis seculares" que han atravesado las economías desarrolladas, iniciadas en 1969 y 1999, respectivamente. Por otra parte, ambas bonanzas no son exclusivas de este metal, sino que se manifiestan de manera similar en el conjunto de recursos naturales que generan las mayores rentas mundialesDicha paradoja, que muestra como los precios de los recursos escasos aumentan precisamente en las décadas de crecimiento lento y turbulento de las economías más desarrolladas, se puede explicar en parte debido al excedente de capitales que, al no encontrar oportunidades rentables de inversión productiva en aquellas, se vuelca a la especulación, en parte en recursos naturales pero también en bolsas de valores y monedas de países emergentes, que muestran un comportamiento muy similar a los precios de aquellos.

Como es sabido, los precios de los recursos naturales son determinados exclusivamente por la demanda y no guardan relación con su costo de producción promedio, el que incluye la ganancia empresarial media y determina el precio de todos los demás bienes y servicios que no tienen restricciones de escasez. En los mercados competitivos el precio de equilibrio tiende constantemente a igualar el costo promedio, con ganancias extraordinarias para los innovadores a costa de los más lerdos que obtienen ganancias inferiores a la media o derechamente pierden dinero, de modo que la suma de los precios iguala a la suma de los costos; ambas categorías cambian además constantemente, puesto que no dependen de la calidad de un recurso sino de la capacidad de innovación empresarial. En los mercados con recursos escasos, en cambio, el precio se determina por el costo del productor más ineficiente, lo que permite que todos vendan por encima de sus costos de producción y todos los propietarios del recurso escaso obtengan rentas, incluso los poseedores del más ineficiente quienes difícilmente lo facilitarán de gratis. En los mercados competitivos el precio lo determina exclusivamente la oferta, la que puede acomodarse sin restricciones a las constantes fluctuaciones de la demanda y por este mismo motivo, sus precios son estables y bajan secularmente con el cambio tecnológico. En cambio, los precios en los mercados con recursos escasos cambian a cada instante y no muestran necesariamente una tendencia a la baja en el largo plazo puesto que su creciente escasez puede compensar el avance tecnológico, como se aprecia en el caso del cobre que a lo largo de ocho décadas no muestra tendencia secular a la baja.

El peculiar comportamiento de los mercados con recursos escasos los torna irresistibles a los especuladores, que constantemente apuestan a su alza o baja. Por este motivo, su demanda no tiene un componente sino dos, producción para consumo final como todas las demás mercancías y, especulación. El comportamiento secular de los precios del cobre y los principales recursos naturales, que se mueven a contracorriente de la demanda productiva de los países desarrollados, parece demostrar que es la componente especulativa de su demanda la que determina la trayectoria del "superciclo" de sus precios a lo largo de las décadas.

El gráfico 2 muestra la serie mensual de precios del cobre, expresados asimismo en centavos de dólares estadounidense del año 2012 por libra desde enero de 1960, y en gramos de oro por tonelada desde junio de 1974. Se aprecia la extraordinaria volatilidad del precio del cobre, que en varias ocasiones se duplica o cae a la mitad en períodos de uno o dos meses, lo cual evidentemente no puede originarse en cambios en la demanda productiva y menos en la oferta, sino sólo en la especulación . 


Gráfico 3


El gráfico 3 muestra la evolución del precio del cobre y del oro, medidos por índices de precios de los mismos calculados en dólares corregidos por el IPM de EEUU, y con base 100 en marzo del 2000, a inicios de la crisis secular en curso desde principios del siglo XXI. 

El gráfico muestra asimismo como el precio del oro marca las crisis seculares con extraordinaria precisión, iniciando su subida exactamente con el inicio de la última crisis y alcanzando su máximo al iniciarse la recuperación de la anterior, a principios de los años 1980. Se aprecia asimismo que el precio del oro es mucho más estable que el cobre y muchas veces oscila en sentidos opuestos, en períodos breves, lo cual demuestra que cumple su rol de material dinero, medida de valores.

 Gráfico 4



El gráfico 4 muestra la evolución mensual de los precios del cobre y oro, en ambos casos medidos por índices construidos a partir de series en dólares deflactadas por el índice de precios al por mayor de los EE.UU., y con base 100 en marzo del año 2000. 

Gráfico 5

Gráfico 6



x
Gráfico 7





El gráfico 5 muestra el índice del precio mensual del cobre  comparado con los índices accionarios de los países desarrollados, los emergentes, el conjunto de ambos y la bolsa chilena, todos en este caso medidos en dólares estadounidenses deflactados por el índice de precios a consumidor de los estados unidos (CPI - USA) y con base 100 en marzo del año 2000, al inicio de la última crisis secular.

L
as bolsas de valores de las economías desarrolladas, que por su gran peso determinan la evolución del conjunto de las bolsas mundiales, tras perder la mitad de su valor entre el 2000 y el 2003, recuperarse parcialmente hasta el 2007 y volver a reducirse a la mitad el 2009, terminan el 2016 sin recuperar todavía su valor real, es decir corregido por inflación, de inicios del siglo. La política monetaria extraordinariamente expansiva de los países desarrollados pareciera haber evitado hasta el momento que sus bolsas caigan hasta los mínimos alcanzados en las crisis seculares de los años 1970 y 1930. En cambio, en el último quinquenio han seguido una trayectoria parecida a la de Japón tras la crisis de su economía en los años 1990, es decir, plana y deprimida. Sin embargo, las bolsas estadounidenses en particular aparecen sobrevaloradas, puesto que han recuperado su valor real del 2000 y al comparar su capitalización con las utilidades de las empresas subyacentes o el producto interno bruto (PIB) de ese país, aparecen muy cercanas a los niveles alcanzados en 1929 y 1969, y algo más abajo de 1999, en la víspera de las tres últimas crisis seculares.

Las bolsas emergentes conjuntamente con sus respectivas monedas fueron afectados, en cambio, por un enorme burbujazo que con subidas y bajadas al año 2010 había casi duplicado su valor real del año 2000 y más que triplicado el mismo en el caso de Chile. Desde entonces han caído estrepitosamente, perdiendo un tercio de su valor las primeras y más de la mitad del mismo en el caso chileno. El mismo fenómeno afectó el precio del cobre, sólo que aún más acentuado, puesto que a fines del 2010 había más que cuadruplicado su valor de inicios de esa década y a fines del 2016 había perdido más de la mitad. Aún así, tanto las bolsas de valores emergentes y chilena como el precio del cobre aparecen todavía por encima de su valor a inicios del siglo y en el último caso se acerca recién a su valor promedio de largo plazo de 2,13 dólares del 2012 por libra.

En una perspectiva más larga, el gráfico 6 muestra el índice del precio anual del cobre con base 100 en el promedio de largo plazo de poco más de dos dólares por libra, comparado con los índices bursátiles MSCI de economías desarrolladas (World), emergentes y Chile, expresados en dólares corregidos por el índice de precios a consumidor de los EE.UU., con base 100 en diciembre de 1999 y en escala logarítmica, las últimas empalmadas con la primera en 1987. Muestra que las economías emergentes sufrieron otra burbuja especulativa en la primera mitad de los años 1990, que también elevó transitoriamente el precio del cobre levemente por encima de su promedio de largo plazo, entre 1988 y 1990 y luego en 1995, todo lo cual terminó abruptamente con la “crisis asiática” de 1998.

En una perspectiva todavía más amplia, el gráfico 7 muestra la serie de precios del cobre de COCHILCO en dólares por lib
ra ajustados por el índice de precios al por mayor (PPI) de EEUU que se extiende hasta 1935, sobre el trasfondo del índice bursátil Dow Jones expresado en dólares ajustado por precios a consumidor (CPI) de los EEUU y junto a la proporción de asalariados ocupados (Payroll) sobre la población de 16 años y más de ese país, que es un buen indicador de la actividad de la economía real.  

Se obser
va que durante todo ese período, el precio del cobre, si bien oscila en conjunto con las bolsas y la economía real de los EE.UU., sus oscilaciones se inscriben en una trayectoria o "superciclo" que se mueve a contracorriente tanto de los índices bursátiles de países desarrollados como de las economías subyacentes, con enorme montañas de precios elevados por encima del promedio de largo plazo, que coinciden casi exactamente con las crisis seculares de la principal economía del mundo en las décadas de 1970 y luego en los años 2000. Al revés, el precio se desploma por debajo de su promedio cuando ésta se recupera y alcanza su auge a lo largo de la década de 1980 y 1990. 

 

Precios metales



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